donde pone el ojo, tú sabes...

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pistolera de nueve vida

martes, 7 de febrero de 2012

No sé cuantos años hace que murió mi abuelo.



Solo recuerdo que hacía calor. Después de que todos se fueron y todos se fueron yo me eché llorando sobre mi cama. Era de madrugada, mamá se asomó y solo dijo que entendiera que él estaba cansado y debía dormir, le sonreí y pedí que se quedara para siempre.

Esa sería la primera vez que asistiría a un entierro.

Todo el mundo lloraba desconsolado, mientras observábamos como desaparecía el ataúd dentro de aquel agujero, con los restos del que había sido mi abuelo, mi guía.

Creo que yo lloraba al ver a los demás llorando. Es una reacción inevitable del ser humano... la tristeza de los demás, también era mi tristeza.

Muchas noches lo soñé, siempre le decía a mamá que había llegado a verme, que sentía su aroma a cigarros, que fuéramos a dejarle flores y que me dejara dormir con él, lo extrañe el primer día de escuela y desde entonces deje de tomar pozol.

Alguna vez pienso en él, y me acuerdo de algunas cosas. Sus libros situados en una pequeña habitación al fondo del pasillo de la casa, era mi atracción favorita combinado con el pozol, cuando él no se encontraba me encantaba esperarlo junto a sus plantas de fresas y regarlas para que los duendes las endulzaran.

Me gustaba abrir sus cajones y oler la madera, utilizar sus lápices y malgastar sus papeles dibujando garabatos, nunca se molesto cuando pinté libros, les decía a mis padres que eran mis firmas. Inexplicablemente, cuando murió, perdí el interés en todos esos bártulos que tanto me atraían.

A veces me llamaba para que le traficara sus cigarros, entraba a escondidas a su cuarto para dárselos, claro que todos sabían que yo le daba, mamá los compraba, habían tardes que me encantaba escuchar como discutía con papá durante algunas comida por sus ideas “rojas” y revolucionarias, me encantaba como abuelos Chus se apasionaba.

Lo recuerdo como una sombra bajo el umbral de la puerta velando como perro guardián los inquietos sueños de mi hermano y míos.

Los domingos, salíamos a pasear por algún lugar y terminábamos en casa de mi abuelo. Me gustaba porque no era como mi otra abuela que una de sus preferencias era el cementerio, a mí nunca me gustó. El decía que a mi abuela quizá le gustaba porque entre tanto silencio lograba olvidarse del mundo por un tiempo.

Los domingos con él eran emocionantes porque se sentaba en la banca de la entrada al jardín con su cigarro y café en mano para contarme sobre las estrellas, leía mucho sobre ellas. No sé pero siempre recuerdo que cuando me abrazaba me estorbaba el bolsillo de la camisa, porque ahí siempre traía un librito. Prendía el primer pucho de una larga lista de cigarrillos, mientras mi hermano y yo salíamos a correr bajo la luna, así eran los domingos.

Una vez recuerdo cuando fui al panteón caminábamos por los pasillos repletos de hinojo, leyendo las palabras de despedida escritas por los familiares y contando los años de sus muertes a través de las fechas. Ahí pregunte porque la gente se muere, mamá y los demás me pidieron callar y él solo dijo porque terminaron con la enmienda de Dios y los necesita, realmente no entendí pero me dio tranquilidad.

A esa edad, aún no me preocupaba demasiado por el significado de la muerte, lo verdaderamente positivo que saqué de mis aventuras de ultratumba, fue que cuando llegara mi hora, prefería arder entre llamas como pecadora, que comida por gusanos nacidos de mi propia carne putrefacta.

Tras su muerte regresé muchas veces a ese cementerio, después de mamá no más hasta el día que Gus se fue.

No podría decir cómo era en realidad el carácter de mi abuelo. Creo que nunca lo llegué a conocer de verdad. Tenía su modo de expresar su amor hacia mí y mi hermano.

Siempre asistió a todos mis recitales de danza, enmarcaba mis dibujos y me dejaba jugar su vieja máquina de escribir y pintar la última página de sus libros, no sé dónde andarán.

Sé que estaba orgulloso de mí, pese a nuestras peleas de que para mí era mi único abuelo, y que no reconociera a más abuelo o abuela.

Yo recuerdo mi infancia como la más perfecta y maravillosa que podría haber tenido una niña. Pero los rostros de mis padres en las fotos de esa época me cuentan lo contrario.

La vida de ellos fue demasiado fuerte, tras muchos años de esfuerzo para hacer algo para nosotros.

Mi abuelo, es el único hombre que conozco que sabia decir te quiero a sus hijos y a mí, Pienso que otro modo de decir que nos quería, era contándonos cuentos, contarnos lo que decían las estrellas. Esta peculiar demostración de afecto se convirtió en una costumbre para nosotros y el regalo voluntario pasó a ser una necesidad para mi.

Ir a ver a mi abuelo, significaba ser libre y aprender a creer y volar.

Me gustaría decirle que lo extraño tanto y que le quiero aunque debo admitir que mis abrazos siempre fueron sinceros y ahí se dijeron.

Cómo el tiempo y la distancia apaciguan los dolores. Uno aprende a vivir con la falta de un ser amado. Yo, me acostumbre a vivir sin mi abuelo.

Qué extraño pensar en alguien que ya no está en tu vida, y hacia el que tienes sentimientos encontrados.

No sabría decir si echo en falta su presencia... hace ya tanto tiempo, que el corazón se acostumbra a vivir con ello.

Si tuviese otra oportunidad de verlo, me acercaría a él de otro modo, le preguntaría más sobre su vida, sobre quién es él y si esperaba ser lo que es ahora. Le abrazaría más sin esperar nada a cambio. Y volvería a meterme en su despacho toqueteando de nuevo todos aquellos cachibaches que con tanto esmero cuidaba.

Recuerdo la primera vez que le ingresaron, le recité algo para animarlo. Caminaba con un bastón. No sé qué pensaría mi abuelo ahora. Me gustaría que la vida me hubiese dado algo más de tiempo a su lado. Puede que no estuviéramos de acuerdo en muchas cosas, pero, si hago memoria, estoy segura de que fue la persona que más me animó para seguir haciendo lo que me gusta.

Su hija, mi tía solía cocinar caldo de pollo cuando íbamos los domingos a comer a su casa. El siempre me preguntaba cuál era más rica, esa o la de mi padre. Mi respuesta siempre era la misma “la de mi padre”. Ya sé que es lo primero que le diría si lo viera de nuevo: “Chus, el caldo de pollo de mi papá sigue siendo la más rica, pero el pozol de Chus, son inigualables”.

Sé que fue un hombre complicado, y con un fuerte carácter. Pero a su modo, siempre amó a su familia y los mantuvo a su lado.

Por encima de todo, era mi abuelo, y con sus virtudes y defectos así lo quiero.



Aliz García Sarmiento

sábado, 18 de junio de 2011

Un momento en casa




Encasa escuchando a Joaquín Sabina mientras me dan ganas de fumar un cigarro y tu boca, mientras. Nata se lava las patitas junto a la entrada del baño, la música llena mi cabeza como de mariposas rosas y se funde con el humo del cigarro imaginario pero no tu boca, ella es real, jugosa.

Hay momentos que veo salir el humo hasta la ventana, todo sale de tu cabeza. Tengo cansado el cuerpo y feliz el alma. Recién bañada siento como se seca mi cabello desordenado y negro sobre tu hombro izquierdo, mis manos  sobre  las  tuyas y los deseos aun se prenden entre  las  sabanas.

jueves, 16 de junio de 2011

La calle


 
Hay un departamento en esta ciudad de concreto que todos los días derrocha las risas, caricias y gatos, somos como niños de interminables coladeras, los sonidos pequeños se arrastran por sus orillas y viajan, alocados, por las corrientes de la vida. Por el subsuelo las escuchan pasar. Bajo los pies de la cama, ellos no interrumpen la batalla nocturna, entre los desechos de la ciudad van las risas perdidas, solos con nuestra manada.

Las madrugadas llegan y transitan los subterráneos del mundo para explotar a la orilla de un solo sueño, un mar.



Hay un mar en este mundo. Que siempre será un sueño y siempre será inmenso.



De regreso a casa la música de las mariposas rosas sigue en el ambiente. Sólo el cigarro se ha esfumado pero no el deseo de tu mar.

martes, 14 de junio de 2011

Me dejo llevar por el sonido e imagino...






Hay una costa en alguna parte del mundo donde un hombre toma la mano de una mujer, sin buscar nada más que toda una vida. Los rodea un viento tranquilo con sabor a fresacanela y aroma a pasado. La ráfaga atrae a ellos temblores, felicidad y el tranquilo vals del descanso. Todo vuela entre corrientes de aire hasta un mar de estrellas que comenzará por elevar. Corazones que habitan a la orilla de la tierra…
dos  corazones durmiendo en la misma cama, sintiendo y latiendo.

alizia

jueves, 9 de junio de 2011

A veces el sol...








...te seca hasta la sal de los huesos, volviéndote tan frágil y sonries. En cualquier esquina con vientos cruzados puedes sentir tu piel incrustada por el silencio de los muertos, piel a hueso y te  duele. Y sigues, porque estás aquí, aun duermes en mi cama porque siempre has estado. Porque no hay hacia donde huir. Sólo sigues, arañas mi tranquilidad, caminando los escalones de días con sus piedras de minutos y su viento que insiste en ser todos los segundos. A veces, te vuelves un muro y retando al mal tiempo, declaras que no hay tormenta que te pueda destruir.



alizia

lunes, 30 de mayo de 2011

Dios gato, por qué?






Siempre pensé que los gatos tenían alas,que las desprenden por las noches y salen a cazar ratas, muchas veces  también gatas de calle. Pero tu siempre cazando sueños, quizá algunos mios, algunos tuyos, algunos nuestros.

Anoche tal como luchador de  tus  fotos fui una gata que lucho, que salió a la calle y regreso lastimada con una patada en la cara, quizá por eso identifico a esos luchadores de  la  vida,  los que siempre  fotografías  los  domingos. Sabes, esta  gata luchadora se siente tan herida al igual que tu... suelta las garras Dios Gato!!! deja de heder en la calle y ven a casa que  te quitaré la sarna que  las  gatas de calle te  han sembrado en la piel.
Anda ven a comer como siempre con nuestra  manada, nosotros no volaremos...
tu gata que mira la luna..


martes, 17 de mayo de 2011

A veces que la vida...






...te pone en medio de un remolino y se siente como mil corrientes arrastran los cabellos hacia la esquina del universo. Como el agua con su  fuerza toman tus emociones y las mezclan, las hacen bullir, flotar y llegar al fondo. Támbien hay días, que  me  veo en el espejo y solo  lodo siento en lo que  estoy, y mirando el cielo permanesco, ahí me  siento agua y  vuelvo a fluir en este mundo.

Hay  días que  me quedo ahí, con los ojos abiertos mientras el aire se acaba. Pero tengo movimiento y me devuelve a la superficie sin saber si hay  vida o si algo de ti se me ha quedado, por siempre, en el fondo de un pequeño suceso que es un lago y una alberca. Las  noches me dicen que no es tan malo reposar en la arena, no es tan malo conversar con los peces que  ya no existen en  mi pecera. No es tan malo mirar a través del agua para regresar con ojos húmedos pero limpios.

(mayo,  mes en  el que la nostalgía se presenta sin pedir permiso)